El bar - Casino

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Cuando llegues a la primera plantas, vas a notar que la luz es intensa; hay vidrieras y ventanas por todas partes. Además, te dará la bienvenida una lujosa barra de bar que no pasa en absoluto desapercibida, rodeada por salones, pasillos y despachos. 

Durante toda la historia del edificio, la hostelería ha jugado un papel muy importante. La actividad social del Casino conllevaba servir un aperitivo en la terraza, un banquete en el restaurante o poder pedir en cualquier momento el siempre omnipresente café. 

Una barra para poder servir bebidas y aperitivos, en aquel entonces llamada “ambigú”, se improvisaba casi en cualquier rincón del edificio para acompañar a un baile o a acontecimientos sociales como recitales, obras de teatro, una excursión de alumnos y catedráticos de la Universidad de Zaragoza, la celebración del II Congreso de la Corona de Aragón o fiestas como Carnaval, San Lorenzo o Nochevieja. Además, el Casino alquilaba sus salones para bodas y todo tipo de eventos. 

ERE0A“ >| as | <…¡gkf…Á%XW6 Ael | A< TA|En los pasillos y salas del Casino aún resuenan los sones de las antiguas veladas musicales. El Orfeón Oscense, la rondalla La Montañesa, las bandas de música de la ciudad con sus directores y selectos solistas amenizaban las veladas y las actividades. 

En las fiestas, cerca siempre de ese bien surtido ambigú, podía bailarse al son de la batuta de un joven Daniel Montorio o de los hermanos Coronas y sus músicos. La nómina de músicos que pasaron por el Casino es casi interminable. Como ejemplos, el niño violinista Pepe Porta, el guitarrista De la Peña o toda una generación de pianistas femeninas pertenecientes a la Sociedad Musical: Fermina Atarés, Pilar Cirujeda, Apolonia Galindo y Teresa Bigas. 

Pensando en todo ello, cuando el Casino abrió sus puertas ya contaba con vajilla, porcelana, cristalería y cubertería propia, que se encargó a la fábrica barcelonesa de Luis Inglada y que fue grabada en su totalidad con la inscripción “Círculo Oscense”. 

Hay una frase en la crónica del Diario del Altoaragón, aparecida el lunes día 21 de julio de 1909, titulada Los conciertos en el Círculo oscense, une matinée, que podría aplicarse a todo el inmueble: “En los salones del casino, todo confort, respírase ambiente de distinción, de encanto insuperable…”

Sí, realmente, las elecciones de muebles, cristales, lámparas o relojes fueron muy meditadas, porque quienes las hicieron tuvieron muy claro que el edificio era único. Los socios y el presidente no paraban hasta que encontraban lo que tenían en mente.
 

* Fotografías cedidas por Vicente Lachén

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