Memoria Democrática

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El Ayuntamiento de Huesca considera que es una obligación ineludible de cualquier institución pública el contribuir a la construcción y consolidación de una sociedad democrática mediante el conocimiento crítico de nuestro pasado inmediato y la recuperación, transmisión y puesta en valor de aquellos valores de convivencia, solidaridad y justicia social que han de conformar nuestro patrimonio ético como sociedad; en definitiva, nuestra memoria como herramienta colectiva con la que afrontar los retos que nos asaltan como grupo humano en un contexto plural y complejo.

Memoria de unos valores que responden a experiencias históricas de nuestro país, integradas por miles de historias personales de sus protagonistas, muchos de ellos anónimos y convertidos en víctimas (muertos, exiliados, represaliados, marginados). Memoria de unos ideales sobre los cuales nuestros compatriotas quisieron escribir una historia diferente de España, construyendo una democracia sin apenas antecedentes en nuestro país. Pero memoria – y conciencia también – de que para que existan víctimas tiene que haber verdugos, que hay ideologías que matan, excluyen, castigan y marginan.

El papel de la memoria, de conocer nuestro pasado y las enseñanzas que se derivan de esa experiencia, es clave para recordar – y transmitir ese conocimiento a las generaciones más jóvenes – que la democracia nunca está libre de riesgos y que su pervivencia depende del compromiso continuo y constante de todos sus protagonistas. Es fundamental saber – y la experiencia histórica nos ofrece ejemplos de ello – que acechan actitudes y comportamientos que buscan soluciones autoritarias, violentas, racistas… a los complejos problemas a los que nos tenemos que enfrentar como colectivo en cada tiempo histórico. Es, por todo ello, vital que la sociedad tenga una memoria democrática que le advierta de cuál es su fragilidad y, a la vez, de en dónde radica su propia fortaleza. Porque no es posible encarar el futuro sin conocer ni aprender del pasado.

La memoria democrática no es, por eso, una opción partidista, sino una necesidad y una obligación a la que ninguna sociedad puede renunciar sin poner en riesgo su propio futuro. No es un lujo nostálgico, sino un elemento sustancial de la democracia y para la democracia.