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Un relato inspirado en la riada de Biescas gana el tercer Concurso de Relato Corto “Huesca, Leyenda Viva”

Un total de 312 obras han participado en este certamen, enmarcado en “La Campana de Huesca. Un verano de leyenda” 

La campana de Huesca 2017

Huesca, 2 de agosto de 2017. Un autor zaragozano ha sido el ganador del III Concurso Internacional de Relato Corto “Huesca, Leyenda Viva” con una historia inspirada en la riada de Biescas. La obra, titulada “La lluvia”, es obra de Guillermo Borao, que se presentó bajo el pseudónimo de Miguel Lora. El certamen, organizado por el Ayuntamiento de Huesca y el portal literario relatos366.com, se enmarca en la programación estival del Área de Turismo “La Campana de Huesca. Un verano de leyenda”.

El próximo viernes, 4 de agosto, el ganador acudirá al Ayuntamiento de Huesca para recibir su premio, consistente en 1.000 euros y una estancia de dos días en la ciudad para dos personas, que incluye las comidas, una visita guiada y una excursión por los alrededores con el Área de Turismo del Ayuntamiento de Huesca, además de un lote de productos típicos de la ciudad.

En esta edición, se han recibido 312 originales, lo que supone un importante incremento respecto al año anterior, cuando participaron 191. Del total, 264 han llegado desde diferentes puntos de España, sobre todo de Madrid, Aragón, Andalucía, Cataluña y Valencia. De los recibidos desde fuera de España, han llegado desde países como México (10), Colombia (7), Cuba (6) o Argentina y Venezuela (5).

El relato ganador, según su autor, es “un pequeño homenaje a las personas que perdieron a algún ser querido por culpa del temporal y jamás lo olvidarán”, y recuerda que “mi familia materna, con casa en Biescas, estuvo presente el día de la riada”, lo que le ha llevado a escribir este texto.

 

LA LLUVIA (por el pseudónimo de Miguel Lora) 

Antes le pedía a mamá que me trajera la lluvia. Me gustaba correr alrededor de las pozas, chipiada, con el olor de los pinos mezclado con el de mis trenzas. Se lo pedí también el día que acampamos en esa montaña. Era por la tarde, se avecinaba un chaparrón y me fui a jugar entre los árboles. Mamá me gritó que no me alejara; luego, que volviera. Yo la oía entre las ramas del bosque húmedo, con el agua cayendo entre las hojas sedientas del verano. Cuando me di cuenta, el río bebía de la tierra y las piedras rodaban y yo flotaba, yendo ladera abajo sin poder agarrarme a ningún tronco. 

Aparecí en un pueblo horas después. Me dijeron que mi madre había salido a buscarme. De eso ya han pasado muchos años y ella aún sigue fuera. Hoy hay nubes grises. Ahora, cada vez que el cielo se pone de este color tan apagado, como en aquel agosto en Biescas, le pido a la lluvia que me traiga a mamá. 

 

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